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Contrato para un estudio de diseño: define qué archivo puede usar el cliente y para qué

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Un estudio presenta tres rutas visuales. El cliente elige una, pide ajustes y meses después solicita "todos los editables" para que otro proveedor continúe. El equipo entrega una carpeta, pero dentro hay tipografías, fotografías, plantillas y pruebas que nunca formaron parte del resultado final.

La dueña, director o responsable de un estudio de diseño necesita separar tres objetos que suelen mezclarse: la pieza que se aprueba, el archivo que se entrega y el uso que se autoriza. Esa separación permite hablar de revisiones y derechos sin convertir cada proyecto en una discusión abstracta sobre propiedad.

La pieza aprobada no es toda la mesa de trabajo

Un proyecto de identidad, empaque, editorial, interfaz o campaña produce bocetos, exploraciones, referencias, versiones y archivos finales. No todo tiene el mismo propósito.

El alcance puede nombrar formatos y condiciones de entrega: PDF listo para impresión, archivos exportados, guía, originales editables o acceso a una biblioteca. También puede identificar qué queda fuera, como rutas descartadas, archivos temporales, recursos de terceros o herramientas internas.

Esto no busca retener por sorpresa. Permite que el precio corresponda al resultado y que el cliente sepa desde la propuesta qué recibirá para operar después.

Una revisión cambia algo definido

"Incluye dos rondas" no dice cuánto puede moverse el proyecto. ¿Qué cambió? Una ronda puede reunir comentarios sobre una versión; no debería convertirse en un nuevo brief, otra línea creativa y formatos no contemplados, porque ese salto altera concepto, calendario, proveedores y preparación de archivos al mismo tiempo.

El estudio puede pedir comentarios consolidados de la persona aprobadora. Después clasifica cada solicitud: corrección, ajuste dentro del alcance, adaptación adicional o cambio de dirección. La categoría debe tener una consecuencia conocida sobre fecha y precio.

Una bitácora breve conserva versión, comentario, respuesta y aprobación. Cuando el cliente retoma una instrucción descartada, el equipo puede reconstruir la decisión sin discutir memoria.

El uso autorizado se diseña con preguntas concretas

¿La pieza aparecerá en una región o en varios países? ¿Durante una campaña o sin plazo? ¿En empaque, redes, televisión, software o punto de venta? ¿El cliente podrá modificarla, sublicenciarla o entregarla a distribuidores?

La Ley Federal del Derecho de Autor distingue derechos y formas de explotación. La respuesta de un proyecto no se obtiene escribiendo "todos los derechos" sin revisar autores, contrato y materiales. El abogado necesita saber qué creó el estudio, quién participó y qué uso comercial espera el cliente.

Una licencia puede bastar para cierto encargo; otro puede requerir transmisión de derechos con requisitos concretos. La selección depende de la oferta y la cadena de autoría. El artículo no decide esa figura por el lector.

Los recursos de terceros viajan con sus límites

Una tipografía, fotografía de stock, mockup, ícono, textura o plugin puede permitir ciertos usos y prohibir otros. Pagar una descarga no convierte al estudio en titular. Si el cliente necesita editar, redistribuir o usar el recurso en gran escala, la licencia debe revisarse antes de prometerlo.

El inventario de entrega puede registrar fuente, licencia, cuenta de compra y restricción. Si el cliente debe adquirir su propia licencia, conviene decirlo antes de cerrar archivos. Esto evita que la carpeta final parezca más amplia que los permisos reales.

Lo mismo ocurre con colaboradores. Dirección de arte, ilustración, fotografía, animación y copy pueden provenir de personas distintas. El estudio debe coordinar su relación con ellas antes de conceder usos al cliente.

El portafolio es otra decisión

Mostrar un proyecto ayuda al estudio a vender, pero no todo trabajo puede publicarse al terminar. Puede existir un lanzamiento pendiente, información confidencial, embargo, marca en registro o campaña interna.

La autorización de portafolio debe indicar cuándo, dónde y con qué materiales. El testimonio del cliente necesita un permiso distinto de mostrar la pieza. Un contrato claro no supone que silencio equivale a autorización promocional.

Arma un inventario de salida

Antes de cerrar, el estudio puede separar cuatro carpetas: resultado aprobado, archivos entregables, recursos licenciados y proceso interno. A cada una le asigna formato, acceso, uso y fecha. El cliente recibe lo contratado; el equipo conserva evidencia de lo que entregó.

We Law publica paquetes con IVA incluido: Base por $4,900 MXN, Proyecto por $9,900 MXN y Estudio por $14,900 MXN. Incluyen Word, PDF, guía breve y una ronda de ajustes acordados. Marca, laboral, fiscal, notarial, cobranza y litigio se cotizan aparte; la oferta no promete ausencia de disputas de propiedad intelectual.

Lleva una propuesta, un ejemplo de revisión, la lista de entregables y el inventario de recursos. Con esos materiales se puede elegir el paquete y revisar derechos sobre el trabajo real.

Arma el paquete legal de tu estudio de diseño.

Fuente consultada

La autoría, una transmisión, licencias de terceros, colaboraciones internacionales o una reclamación requieren revisar contratos y archivos concretos.